La neurociencia y el autismo

Mar, 05/05/2015 - 20:20

La neurociencia nos ha demostrado que el autismo no es causado por una diferencia fundamental ni por un déficit en la estructura del cerebro como se asumía previamente. En cambio, la investigación actual nos indica que el autismo es la manifestación conductual de una “mala conexión” cerebral, un cerebro con insuficiente interconectividad y sincronización entre múltiples regiones dispares. Como resultado de esto, los niños con autismo tienden a enfocarse en actividades que requieren una coordinación mínima entre las regiones del cerebro (ejemplo: recitar palabras aisladas y detalles, o enfocarse en estímulos estáticos y tareas repetitivas) y evitar actividades que requieren coordinación de múltiples regiones del cerebro (ejemplo: comprender historias, ver “todo el panorama” o aprender nuevas tareas en donde las reglas previamente aprendidas no se aplican).

Este enfoque a su vez refuerza las partes del cerebro que facilitan la interconectividad local a expensas de las partes del cerebro que facilitan la interconectividad global; acelerando un circuito de retroalimentación. La buena noticia es que la investigación ha demostrado que el circuito de retroalimentación puede ser revertido. A través de varias formas de interacción, los niños pueden establecer conexiones en el cerebro que mejoren la interconectividad global y su capacidad acorde para realizar tareas que involucran múltiples regiones del cerebro. Evidencia proveniente del campo de la psicología nos muestra qué tipo de interacciones (con personas y objetos) ayudan a reducir los síntomas principales del autismo y facilitan el incremento de la interacción social, la comunicación y el rango de intereses.

El autismo es el resultado de un cerebro pobremente conectado y sincronizado. El hallazgo más robusto en la neuro-anatomía con respecto al autismo es que las personas con autismo tienen un incremento de volumen cerebral. Este incremento en el volumen del cerebro está compuesto principalmente por sustancia blanca, que es la sustancia que conecta las diferentes regiones del cerebro. La sustancia blanca puede dividirse en una zona externa que contiene el compartimiento radiado (el material que interconecta las regiones locales del cerebro) y una zona interna que contiene compartimientos sagitales y con sistemas puente (que interconectan las regiones distantes del cerebro). En el autismo el incremento se localiza en la sustancia blanca radiada, mientras que en la zona interna los compartimientos de sustancia blanca mostraron que no hay diferencia en volumen comparando con los controles. En otras palabras, las personas con autismo tienen cerebros conectados de una manera que favorecen la comunicación local por sobre la comunicación global.

En las personas con autismo este patrón del aumento de la interconectividad local y disminución de la interconectividad global es mucho más pronunciado en las áreas pre-frontales, las áreas del cerebro que típicamente están más globalmente interconectadas dado que son responsables de la integración de la información proveniente desde múltiples regiones del cerebro para procesamientos de alto orden o abstractos.

Las áreas del cerebro que están pobremente conectadas no procesan información de una manera que está sincronizada con otras áreas del cerebro, un proceso que es necesario para procesar información multisensorial. Las revisiones más recientes sugieren que los síntomas del autismo pueden, por lo tanto, ser el resultado de cerebros que están pobremente conectados y pobremente sincronizados. En la ausencia de fuerte interconectividad y sincronización global, las tareas que requieren integración de la información dinámica desde múltiples canales (como ser la interacción social, la comunicación y el razonamiento abstracto) son un gran desafío para las personas con autismo. Mientras que las tareas que involucran el procesamiento de información más estática desde canales mínimos llega más fácil debido a la relativa fortaleza de la interconectividad localizada. 

 

A medida que los niños interactúan con el mundo de las personas y objetos, sus cerebros se organizan y se conectan para apoyar la conducta adaptativa. Un niño cuyo cerebro no procesa fácilmente la información dinámica multi-sensorial que requiere integración, interactuará con las personas y los objetos de formas atípicas. Esto podría ser muy sutil al principio pero comenzaría a notarse desde los doce a los dieciocho meses de edad cuando los principales hitos de comunicación no se alcanzan.

A medida que el niño pasa menos tiempo procesando información multi-sensorial y social, y subsecuentemente pasa más tiempo procesando información menos compleja (usualmente no social), el niño se pierde la “educación social” que ganan sus compañeros de desarrollo típico. A medida que pasa el tiempo, el trayecto del desarrollo en el niño se aleja cada vez más de sus compañeros típicos. Los patrones alterados de interacción con el mundo conducen al desarrollo de un circuito neural que favorece más conductas sintomáticas del autismo en un circuito de retroalimentación acelerado.

Mucha investigación ha sido publicada en las dos últimas décadas indicando que el cerebro es maleable y que las neuronas forman conexiones en respuesta a nuestras interacciones con el ambiente. Un estudio reciente de resonancia magnética funcional (fMRI) capturó imágenes de la sustancia blanca creciendo para formar una conectividad más típica en regiones del cerebro previamente menos conectados en niños con dificultades en el aprendizaje. Luego de haber recibido instrucciones de lectura intensiva, esos niños mostraron un aumento de conectividad en la sustancia blanca y aumentaron significativamente sus habilidades.

Estudios como este y otros indican que proporcionando entradas de forma frecuente y consistente a los niños autistas, estimulando el procesamiento de información dinámica y multisensorial, podemos ayudarlos a formar nuevas conexiones en sus cerebros de una forma que se mejore la interconectividad global y la sincronización. Para llevar a cabo cambios neurológicos significativos, las estimulaciones en el autismo deben: impactar en cómo un niño interactúa con su ambiente físico y social, proporcionando entradas intensivas, multisensoriales y estimulación frecuente de forma diaria.